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Ella se define con una palabra que se puede observar en su mirada: tranquilidad. Su pasión es la familia, con quienes comparte con frecuencia comidas y encuentros en los cuáles el centro es su madre, doña Marina. Con sus hermanos tiene una relación basada en la complicidad y el respeto y aunque convive con solo dos de ellos - los demás se encuentran en el extranjero - cada año tienen todos una cita ineludible para disfrutar tertulias e intercambiar sonrisas.

Enamorada de la lectura, el cine, el café y los gatos. Ha tenido desde siempre el recuerdo de los animales de compañía que su padre, quien falleció hace 24 años, llevaba a casa y el amor que le inculcó hacia estos seres mágicos. Tal vez por eso se le viene a la memoria la frase “a quién Dios no le da hijos, el diablo le da sobrinos, estudiantes y gatos”.

Bola de pelos, cosa divina, la niña hermosa de la casa, cualquiera de estos puede ser el nombre de su gata. Ama y protege los animales porque siempre han sido parte de su familia; tal vez por esto cuelgan de su cuello -adornando la cinta del carné que siempre lleva consigo- pines de gatos de diferentes formas y colores que sus estudiantes le regalan, el más reciente lleva inscrito sobre una gata negra, las palabras Cat Lady.

Le encanta estudiar y tras su pregrado, ha trabajado con disciplina y dedicación por obtener un par de estudios posgrados, uno terminado y el otro en proceso de tesis. Combina la lectura de novela con los libros académicos, argumentando que lo disfruta, le gusta y alimenta su espíritu.
En su mesita de noche reposa por estos días el segundo libro de la trilogía El guardián invisible de la española Dolores Redondo. Cautivan su atención la novela de ciencia ficción, intriga, suspenso. Escucha las cantatas de Bach, Vivaldi, música barroca, por ser obras de arte compuestas en una época que no conocimos. Su quehacer docente ha hecho que ame el arte en cualquier forma de expresión y transmite ese amor a sus estudiantes. “El arte permea lo político, lo religioso, lo social, a través de eso los chicos entienden que cuando se publica, hay un fin” defiende.

Ella es Praxedes y es homónima de su abuela. Manifiesta que su nombre aparece en un libro del escritor colombiano Germán Castro Caycedo y que allí significa sabiduría. Licenciada en Educación de la Universidad del Quindío, nunca imaginó que fuera a dedicarse a la docencia. Sus docentes descubrieron en ella, desde apenas iniciada su carrera, potencial para esta labor y desde segundo semestre le permitieron ser monitora.

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Bola de pelos, cosa divina, la niña hermosa de la casa, cualquiera de estos puede ser el nombre de su gata. Ama y protege los animales porque siempre han sido parte de su familia; tal vez por esto cuelgan de su cuello -adornando la cinta del carné que siempre lleva consigo- pines de gatos de diferentes formas y colores que sus estudiantes le regalan, el más reciente lleva inscrito sobre una gata negra, las palabras Cat Lady.

Le encanta estudiar y tras su pregrado, ha trabajado con disciplina y dedicación por obtener un par de estudios posgrados, uno terminado y el otro en proceso de tesis. Combina la lectura de novela con los libros académicos, argumentando que lo disfruta, le gusta y alimenta su espíritu.

En la realización de una bitácora familiar, para un diplomado de cultura ciudadana que realiza, descubrió que su abuela y tatarabuela habían sido docentes y comprendió entonces que su vocación tenía herencia genética. Hoy, con veinte años de experiencia docente en diferentes universidades de la ciudad, ve sus clases como la oportunidad para aprender de sus estudiantes, con quienes establece un diálogo permanente y un intercambio de saberes inagotable.

Es ella en donde quiera que esté y a esto la atribuye la empatía que tiene con sus estudiantes, se pone en sus zapatos y trata de escucharlos, de comprenderlos. El salón de clase es un universo donde deja ver su personalidad, se desconecta y comienza a disfrutar un nuevo reto.

La integridad profesional, el ejemplo, el respeto por los estudiantes, la exigencia los aprendió de sus tutores Luz Amparo Palacios y Reynel Morales, quienes inspiraron su mayor admiración y respeto. El amor que siente por lo que hace, su formación y forma de ser, se los debe a ellos.

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